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Eduardo DEVÉS- VALDÉS Febrero 2010
¿Ir a la saga de l@s profesionales de la política y asumir las irracionalidades de cualquier autoridad de turno? ¡De ningún modo! Por el contrario: sentar las bases de un discurso al cual deban plegarse l@s profesionales de la política y quienes detenten cualquier cargo en cualquier nivel, político o no.
Muy frecuentemente la intelectualidad, la sociedad civil intelectual, y la sociedad civil en general, se polarizan en relación a los puntos cardinales marcados por l@s profesionales de la política, aceptando las maneras como estas personas organizan el campo.
Como alternativa a ello, es clave generar suficiente hegemonía respecto de principios progresistas, de manera que sea el progresismo el que organice el campo y l@s profesionales de la política sean quienes deban asumir dichos principios, para ser creíbles, aceptables o digeribles.
¿Qué significa “principios progresistas”? En primer lugar, libertad de pensamiento, que es el principio clave sobre el cual se asientan todos los demás: la justicia, la igualdad, la equidad, los derechos humanos, etc. Si bien todos éstos constituyen un círculo, en el cual cada uno potencia los demás, todos se afirman en un elemento clave: la libertad de pensamiento, que permite entender y reinterpretar lo que quiere decir justicia, igualdad, derechos humanos, equidad, emancipación, etc. Sin la libertad de pensamiento cualquiera de estos principios podría dogmatizarse, como ha ocurrido en algunas dictaduras, tiranías o épocas que pusieron pantallas al brillo de la luz.
Libertad de pensamiento quiere decir dos cosas: libertad “jurídica”, como democracia, derecho a emitir la opinión, concursos públicos, libertad de prensa, garantías constitucionales, entre otras cosas. Quiere decir también: una mentalidad donde no hay valor o derecho alguno que esté por sobre la libertad de discusión eidética, donde la evidencia es el valor supremo. Ni sectas, ni revelaciones, ni autoridades pueden dar últimas palabras. Si hubiera últimas palabras, y casi nunca las hay, éstas sólo podrían provenir de la evidencia, de la propia racionalidad del quehacer eidético y nunca de una autoridad. Por cierto, quiere decir también, indirectamente, sentar condiciones económicas, sociales e institucionales para que todas las personas puedan escucharse, expresarse y debatir.
Sobre la base de este principio soberano, el ejercicio libre del pensar (que permite jerarquizar, entender, reinterpretar e incorporar o desechar otros valores), el progresismo puede organizar el campo, llevando a que l@s diferentes agentes, y particularmente l@s agentes de la política, deban imaginarse e imaginar su acción en el marco en tales coordenadas.
¿Qué hacer entonces para organizar el campo sobre la base de los principios progresistas y no dejarse llevar como marionetas de l@s profesionales de la política, que tantas veces pontifican acerca del bien y del mal, seguidos de una intelectualidad débil que se asume, en el mejor de los casos, como asesora.
Para responder negativamente: -No asumir a l@s profesionales de la política como organizador@s del campo: no aceptar su discurso como el principal dador de sentido ni como el que valida las posiciones; -Desacralizar el quehacer político como aquel en que se juegan los verdaderos destinos de la sociedad, porque los destinos de las sociedades deben liberarse de las camisas de fuerza con que pretenden coartarles l@s profesioanles de la política, tan interesad@s siempre en presentarse como l@s imprescindibles salvador@s.
Para responder positivamente: -Afirmar un progresismo libertario, amplio y generoso, capaz de incorporar reivindicaciones y sectores; -Afirmar la autonomía por sobre la dependencia y particularmente la autonomía libertaria respecto de quienes han heredado tantas prebendas de nefastas dictaduras; -Sentar bases para el mejoramiento social de largo plazo: afirmado en la libertad de pensamiento, en el conocimiento, en las ideas, en la innovación, en la imaginación, en la flexibilidad, en la inventiva, en la tolerancia, en la creatividad y en la inteligencia (sin olvidar, claro está, lo que las buenas gentes llaman “inteligencia emocional”), contra toda autoridad y contra la beatería del “realismo” mezquino, contra toda “razón de estado” y sobre todo contra toda “razóncilla de institución”; -Organizarse en redes para la libertad del pensamiento, para sostener la investigación y el conocimiento y para potenciar el desarrollo de las ideas (particularmente en los estados de débil institucionalidad) para sostenerse recíprocamente y sostenerse en l@s colegas de institucionalidad más sólida, en aquellos momentos de incertidumbre, a que nos someten las fuerzas armadas, las fuerzas políticas, las fuerzas telúricas y tantas otras; -Formular principios de mejoramiento social de largo aliento, que no se supediten a los ritmos electorales y donde las elecciones de los diversos cargos no puedan transformarse permanentemente en ocasiones para detener, suspender, modificar las agendas, esperando la buena voluntad de las nuevas autoridades, quienes decidirían acerca de nuestros pasivos destinos. Asumir, en cambio, las oportunidades sin oportunismos cortoplacitas que poden nuestras alas; -Articular conocimiento con progresismo, para transformar al quehacer intelectual en modelo de quehacer social, ello porque en la época de la sociedad del conocimiento y la información, el racimo pensamiento-conocimiento-ideas es clave para el progreso de los pueblos.
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