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Eduardo DEVÉS-VALDÉS Octubre, 2009
Los afanes por subir los niveles intelectuales y/o de producción de conocimiento y/o de ciencia y tecnología y/o de excelencia educacional y universitaria, dígase como se quiera, en ALC son muy antiguos y han obtenido numerosos logros: sociedades científicas, consorcios universitarios, aumentos impresionantes en los estudios de postgrado en las ultimas décadas, proliferación de las universidades y apuesta a la formación permanente, entre tantos otros.
Un paso más adelante debe ser dado por la masificación del compromiso, comprendiendo a todo el pueblo intelectual, a la sociedad civil intelectual, más allá de quienes dirigen las instituciones, más allá de la burocracia educacional y universitaria.
El avance del conocimiento es el principal de los desafíos progresistas y dentro de lo propiamente académico, debe hacerse en dos dimensiones: 1-Generando un movimiento masivo de los millones de personas que se dedican a las labores del conocimiento, convencidas de que el quehacer del conocimiento, su propio quehacer, es clave para el mejoramiento de la sociedad y que no hay cambios políticos, ni económicos, ni jurídicos que por si solos puedan mejorar una sociedad.
No puede haber mejoramiento de una sociedad que no asuma el mejoramiento de sus niveles educacionales, que no se informe, que no sepa de la nutrición y la higiene de los niños tanto como del calentamiento global, que no conozca los rudimentos del funcionamiento del sistema mundial y de las telecomunicaciones, que no posea el sentido crítico mínimo respecto del discurso de los diversos agentes sociales y de la información acerca del sistema financiero, además de varias otras cosas.
Es decir, no puede haber mejoramiento de la sociedad sino asumiendo que las profesiones del conocimiento son doblemente importantes: a) por la generación de mayor conocimiento, clave para el bien-vivir y b) por la difusión de este conocimiento hacia toda la sociedad. Una y otra dimensión contribuyen a una existencia con mayor calidad y, más ampliamente, a una cultura de la calidad.
2-En segundo lugar, generando un tipo de organización del quehacer intelectual que no conspire contra el la cultura de la calidad. Podría hacerse una conciencia de la necesidad de subir nuestros niveles de conocimiento y que esto se estrellara permanentemente con las formas de organización del sistema educacional y de investigación, resultando entonces un proceso de suma cero.
Esto quiere decir que no podríamos fomentar una conciencia acerca del mejoramiento en los niveles del conocimiento y que se estrellara contra la contratación de profesionales del conocimiento sometidos al capricho de empleador@s y no sometidos a la transparencia de los concursos; que se estrellara contra la programación de cursos, particularmente de postgrado, donde no hay exigencias curriculares sino complicidades entre jef@s de programa y docentes; que se estrellara con un sistema que no premia debidamente el perfeccionamiento y la producción profesional; que se estrellara con una administración que destina parte importante del presupuesto a salarios, para un personal no-académico mal pagado y de bajo nivel, que vegeta en las universidades públicas, dedicando una importante cantidad de su tiempo laboral a telefonear sobre asuntos personales y hace lobby para obtener permisos, por dolencias infinitas, impidiéndose en cambio la compra de libros, de servicios de información, de laboratorios e instrumentos tan necesarios para el conocimiento.
3-Debe agregarse un tercer elemento, condición necesaria aunque no suficiente para nada, menos en medioambientes intelectuales donde impera la cultura del facilismo. Se trata del aumento de recursos para el conocimiento. Éstos deben extraerse de muchas partes, pero particularmente de los gastos militares. Padecemos la vergüenza de pertenecer a pueblos pobres, sin hipótesis bélicas serias, que gastan lo que no tienen en armamentismo, contra la educación y el bienestar de sus pueblos. La seguridad de los pueblos debe afirmarse en su ilustración y no en las armas que, ya lo sabemos conspiran siempre contra su libertad. Las armas en ALC han servido mucho más para masacrar a los propios pueblos que para defenderlos de enemigos externos. ¡Gastemos en conocimiento, no en muerte!
Para llevar a cabo un proceso que potencie el conocimiento, en el largo plazo, necesitamos, y ya contamos con, muchos indicadores que nos permitan evaluar los avances en este quehacer: indicadores directos e indirectos, de producción y de transparencia, de igualdad de oportunidades y de artículos en revistas con comité editorial, de respeto a los antecedentes académicos y de cantidad de docentes con postgrado, de comprensión de lectura y de asistencia a las aulas, de aptitud para las matemáticas y de libertad de pensamiento, de instituciones acreditadas y de extensión del saber académico hacia toda la gente.
Tanto para desarrollar una conciencia sobre la importancia de subir los niveles del conocimiento como para la realización de medidas que logren reformar cada uno de los eslabones del circulo vicioso de la cultura del facilismo (que una de las bases principales del subdesarrollo y de la falta de calidad de vida de nuestros pueblos) es importante consensuar un manifiesto, una Carta-Compromiso, firmada por miles y miles de profesionales del conocimiento. Ello debe ser emprendido precisamente en 2010, porque es una fecha emblemática para tanta gente de nuestra región y porque es una ocasión propicia para que emprendamos una batalla más por la independencia.
La tercera, la cuarta, la batalla libertaria por la independencia del vivir mejor: mas libres, más ilustrad@s, más felices, no tanto por andarse riendo por las calles (lo que no está mal) sino más felices por evitar la mortalidad infantil, la desnutrición, las enfermedades, la opresión y la explotación; más felices por prolongar la vida, por la democracia, por el respeto a los derechos humanos, por una existencia más centrada y por la salud global; más felices por vivir en el lugar que deseamos y trabajar en lo que nos realiza; mas felices por menos amenazas a lo que somos, por menos neuras, por mayor libertad sexual, por liberarse de prejuicios y preservativos: camisinhas de fuerza que inhiben la expresión y la felicidad del contacto carne a carne.
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